El único, entre los animales, que está hecho para caminar siempre erguido, es el animal racional, el hombre. No parece sino que con esto nos quisiera indicar el Creador que estamos hechos, no para las cosas de la tierra, sino para llevar siempre nuestra mirada fija en las alturas.
Cuando hemos sufrido algún fracaso en nuestra vida, cuando una desgracia se abate sobre nosotros, frecuentemente andamos encorvados, mirando a la tierra, y, así, nos sentimos más infelices. ¡No! Hay que mirar hacia arriba, y cada vez más alto. Pues no hay nada tan eficaz para enjuagar nuestras lagrimas, que mirar fijamente una estrella.
La estrella que debe guiarnos, y que nos ha de dar alientos para caminar siempre con ánimo esforzado, es un gran ideal que engendre en nosotros el deseo de superarnos constantemente, y de no dejarnos abatir por la desgracia. Esto sólo nos basta para hacer que las lágrimas de dolor se transformen en sonrisa de felicidad. Hay que aspirar a realizar ese ideal superior, que venga a iluminar nuestra existencia. Este ideal es el cielo, la felicidad eterna a la que todos estamos llamados, y que todos podemos alcanzar, si queremos…


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